Autorquía

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Autorquía es una agencia editorial y literaria especializada en autores noveles o con poca experiencia. Ofrecemos servicios personalizados para ayudar a los escritores a conseguir sus objetivos en el mundo editorial. Ayudamos a mejorar los textos y manuscritos de nuestros clientes y les asesoramos en todos los pasos a dar para publicar o autopublicar sus obras.

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Tag Wars Episodio VIII: Qué pueden hacer las etiquetas por tu libro

December 13, 2017 by Javier Miró in Mercado Editorial

Existe un debate abierto y enconado sobre los géneros y los subgéneros, su importancia y conveniencia. Es algo público y vivo, no solo en la isla de Autorquía, sino en todas las partes del mundo donde haya algún autor escribiendo en un desván.

Muchos editores aman los géneros, esa forma de etiquetar las obras para guiar más fácilmente al lector a su próxima compra. Muchos autores los odian por el mismo motivo, por matar la creatividad, por encasillar. Las argumentaciones de unos y otros parecen sólidas y razonables, lo que no deja de avivar la polémica.

Muy interesadas en el debate, y con la intención de arrojar luz sobre el asunto, las autoridades competentes de Autorquía decidieron invitar a cinco autores de ultramar para que compartiesen con nosotros sus impresiones. Cinco voces autorizadas por su trayectoria y experiencia en el campo de la escritura, la edición, la publicación, la comunicación, el marketing, o todo ello junto. A continuación, un resumen de sus respuestas a nuestras preguntas.

David Olier: «Si alguien te pregunta "¿de qué va tu libro?", tienes que ser capaz de contestar en una o dos frases. Si no, te va a costar mucho llegar a tu público».

Empezamos con David Olier, autor del blog El rincón de Cabal, que este año ha autopublicado Memoria selectiva, una colección de relatos de ciencia ficción.

David opina que el género no tiene por qué marcar las ventas, pero tiene claro que hay géneros con más público que otros. Así que de manera indirecta sí que está relacionado. Opina que es mucho más fácil promocionar un libro que tiene un género definido, pero duda que hiperespecializarse sea buena idea:

Un término medio sería fantástico.

Asegura haber encontrado a muchos escritores más preocupados por definir si pertenece a tal o cual subgénero que por escribir un buen libro. Clasificar es positivo, opina, ayuda al lector a decidir si quiere ese libro o no, pero limitar la creatividad a esa clasificación le parece una idea un tanto absurda. Tal vez por ello se muestra reacio a mezclar géneros —que no subgéneros—. Nos dice que la ciencia ficción, su campo, es muy rica en subgéneros y mezclarlos genera historias muy interesantes y creativas, y que casi cualquier libro de ciencia ficción es en realidad la suma de dos o tres subgéneros predominantes.

David Olier reconoce que su opinión sobre las etiquetas le vino cuando empezó a promocionar su primera antología, La imaginación también muerde:

Me encontré con el problema de haber mezclado terror, fantasía y ciencia ficción en un mismo libro. ¿Cómo promocionarlo? Ahí fue cuando me di cuenta de que mezclar géneros te complica la vida y que prefiero la ciencia ficción sobre todo lo demás. Al enfocar mi siguiente proyecto lo que hice, literalmente, fue ir a GoodReads y hacer un estudio de qué géneros leía más para aclararme acerca de cuál era realmente mi pasión. El resultado fue que la ciencia ficción ganaba por mayoría absoluta.

Miriam Beizana: «Cuando me decidí a poner la etiqueta de "novela LGBT" comprobé que su posición mejoraba considerablemente».

La siguiente es Miriam Beizana, escritora y crítica literaria, que ha autopublicado sus dos novelas hasta el momento: Marafariña y Todas las horas mueren. 

Miriam asegura que la elección de un género literario es un factor muy importante y, en cierto modo, táctico. Cada género tiene un público fiel que estará ahí para leer cualquier título que salga y que responda a sus necesidades lectoras. Por lo tanto, la etiqueta correcta te permite, automáticamente, conseguir un mínimo de ventas.

Confiesa que tardó en añadir a sus libros la pegatina tan, según ella, controvertida y tristemente excluyente de «novela LGBT». Pero justo después comprobó que su posición mejoraba de manera considerable:

No me gusta encuadrarme en ningún género especifico, pero no me ha quedado otro remedio y me ha permitido conseguir alcanzar más lectores, aunque sean de un público muy específico.

Tiene claro que un género definido ayuda a vender y a ser un escaparate para su público, pero, fuera de ahí, la promoción es complicada. Y añade que la visibilización que da la etiqueta se limita a los miembros del propio colectivo, algo que ni por asomo es lo que se pretende. Y es que conocer los géneros hace que conozcamos al público objetivo. 

Cree firmemente en la promoción a largo plazo como más efectiva que la de consumo rápido. Para ella es importante asentarse, permanecer, y para conseguir eso, es necesario ser honesto con el público al que se dirige y, en lo posible, no mentir con las etiquetas.

Miriam Beizana opina que la mezcla de géneros es beneficiosa a la hora de escribir, por lo que piensa que las editoriales que más lejos llegan son las que no se lanzan decididamente a por géneros concretos:

Al mezclar varios géneros y subgéneros creo que la línea que delimita una categoría de otra se vuelve difusa y es algo que puede enriquecer. Una novela negra/erótica y lésbica —como las escritas con bastante acierto por Clara A. García— son una apuesta tan arriesgada como segura. En Vendrá la noche, de Marta Catalá, tenemos un thriller de intriga con romance lésbico.

Ana González Duque: «Mezclar géneros y subgéneros es buenísimo, hace que la literatura se renueve y que tú tengas la oportunidad de salirte del tiesto, sin echar por tierra todo tu trabajo de marketing».

Nuestra siguiente invitada, Ana González Duque, es el cerebro que hay detrás de Marketing Online para Escritores, además de una escritora híbrida con varios libros de ficción y no ficción en el mercado.

Ana es tajante con la elección de los géneros y subgéneros. Piensa que cuanto más específico se sea, más posibilidades hay de vender, ya que conocer bien estos géneros hace que a su vez se conozca mejor al público objetivo. Aunque elegir uno no garantiza ni la visibilidad ni las ventas.

Aboga por la honestidad a la hora de la promoción, que no por tratar de vender más se usen etiquetas que no se ajusten a la realidad de la obra.

Reconoce que le ocurrió lo mismo que a Miriam y que se dio cuenta de que cuanto más especificaba, más vendía:

La persona que compra mi libro sabe qué va a encontrar y eso hace que las decepciones sean menores y las reseñas negativas también. 

Ana no cree que la diferenciación de géneros afecte a la creatividad de los autores, aunque sí que recomienda mezclar a la hora de escribir, que es algo que hace que la literatura se renueve y que, por lo tanto, los lectores lo agradezcan.

Rafa de la Rosa: «Los géneros son útiles para informar de qué hay dentro de la novela, pero es solo un primer contacto, ya que muchos de ellos se solaparán dentro de la historia».

El siguiente participante del coloquio es Rafa de la Rosa, autor del blog El Dragón Mecánico y de la novela de fantasía oscura recientemente publicada, Hijas de Lilith. 

Rafa también opina que es más fácil promocionar un libro que tiene un género o subgénero definido, aunque esto no garantiza las ventas. Ve clara la relación entre la elección de los géneros y la identificación del público objetivo.

Él las etiquetas se las ha puesto a la obra una vez terminada:

No afecta a mi creatividad, pero sí hay gente muy obsesionada y sé que puede afectarle porque «tal elemento no es de tal género y no puedo añadirlo a mi novela».

Está a favor de la mezcla de géneros, cosa que ha ido aprendiendo con el tiempo:

Yo antes era de ser muy estanco con los géneros. Después comprendí, a base de leer cosas que se salían de mis propias ideas preconcebidas, que no era así, que hay muchas formas de desarrollar una historia dentro de un género y que, además, algunas de las fronteras entre ellos son muy difusas. Bien llevada, la mezcla de géneros siempre aporta cosas a las que el lector no está tan habituado y puede causar la distinción necesaria.

A día de hoy, Rafa de la Rosa está convencido de que quizá es más fácil prescindir de los géneros literarios y quizá sea más conveniente añadir etiquetas a las novelas que definan las características que las componen. Quizá el género sea la etiqueta con mayor repercusión en la novela en sí, pero el resto de etiquetas secundarias siguen siendo importantes para el conjunto:

Así, una novela policiaca tendrá como elemento principal la resolución de un crimen, pero añadida la etiqueta de terror quizá podría matizar que hay escenas realmente crueles, sangrientas y terroríficas.

Mayte Esteban: «Las etiquetas son muy útiles para colocar los libros en las librerías, para encontrarlos cuando los buscas como lector, para explicarlos en clase, pero como autor te limitan mucho».

Nuestra última participante es la escritora Mayte Esteban, autora híbrida que ha mezclado autopublicación y publicación tradicional y que cuenta con un buen puñado de obras en el mercado. 

Mayte mantiene una opinión divergente en lo relacionado a las etiquetas. Apuesta firmemente por la importancia de fijar y delimitar los géneros de cara a editoriales, venta, promoción y lectores. Sin embargo, cree que esto podría acabar con la creatividad de los autores:

Puede que te limite a la hora de crear y que, una vez que eres consciente de lo difícil que te resultará hacerlo visible, ni siquiera lo vuelvas a intentar.

Pese a que cree en la mezcla de géneros como forma de enriquecer la escritura porque permite que surjan grandes historias —ella ha llegado a mezclar hasta cuatro—, piensa que no es positivo a la hora de vender, por lo que las editoriales les cierran el paso a este tipo de obras, que en muchos casos tienen que acudir a la autopublicación:

Hace unos años escribí una historia de fantasía ambientada en parte en el siglo XVII. Sé, por las lecturas que se han hecho, que funciona, pero me ha resultado complicadísimo explicarla y venderla, por lo que estoy segura de que no ha desarrollado todo su potencial. Y sé que es probable que no intente volver a hacer algo similar. Requiere un esfuerzo tremendo en comparación con los resultados.

Conclusiones

  • El uso de etiquetas es positivo para encontrar a tu público, para la promoción y para vender más, aunque no garantiza nada.
  • La mezcla de géneros está bien vista, aunque no queda del todo claro si es beneficiosa para vender el libro.
  • No es buena idea mentir a la hora de catalogar un libro con el fin de vender más.
  • Sigue sin quedar resuelta la cuestión de si la rigidez de géneros afecta a la creatividad de los autores.

El Concejo de Autorquía quiere aprovechar para agradecer el tiempo que se han tomado estos cinco escritores y les ofrece a cada uno una casa en las inmediaciones de la Plaza Mary Shelley —entre el Paseo de Bécquer y el callejón Poe— para que fijen allí su residencia cuando quieran. Y sí, por el momento solo quedan viviendas libres en el barrio gótico —muy bonito y coqueto, aunque algo sombrío—.

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etiquetas, géneros, autoedición, autopublicación, escritor híbrido
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